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La parábola del jardín

Una vida basada en virtudes y buenos valores es una vida cimentada en Mí. Si tienes a Dios contigo, en ti, tu vida florecerá como un jardín lleno de perfumes. Y si un animal viene a roer, pisotear y arrancar tus flores, lo notarás inmediatamente y querrás deshacerte de él para así salvar tu precioso jardín, que con tanto tiempo y buenos cuidados hiciste florecer.

Aquellos que posean un jardín descuidado, donde las malas hierbas abundan y las pequeñas flores crecen lánguidas, ahogadas por la vegetación salvaje, no tendrán interés en mantenerlo. Pues el esfuerzo requerido para cuidar un par de flores mustias será muy grande a sus ojos. Y ni sabrán cómo, ni les apetecerá hacerlo. Sin embargo, estas personas, si un día caminando pasan delante de un bonito jardín, sus agradables perfumes les atraerán. Los bellos colores, la riqueza de las plantas colocadas con orden para que ninguna ahogue a otra ni le tape el sol, les atraerán. Y se preguntarán: ¿no podría yo tener un jardín tan bello como este?

Entonces, si se atreven, preguntarán al dueño del bonito jardín cuáles son sus secretos. ¿Cómo puede hacer crecer unas plantas tan bellas y armoniosas? El dueño del jardín, lleno de júbilo porque lo hayan encontrado bonito y merecedor de interés, responderá con alegría. Relatará la historia de su jardín desde el inicio, cuando solo era un terreno yermo lleno de zarzas. Y desvelará sus secretos, deseoso de poder ayudar a la otra persona para que pueda hacer crecer un jardín, si acaso, aún más bello. Su imaginación volará deseando que todo su barrio, su ciudad, e incluso su país esté lleno de jardines fragantes, tan bien cuidados como el suyo.

¿Entiendes, María? Cuida tu jardín y alguien se interesará por él. Su belleza y exuberancia hablarán por ti, gritando aunque estés realmente en silencio. Cuánto bien se hace a los hermanos enseñando a través del ejemplo.

Descansa ahora y medita sobre ello.