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El sacramento de la reconciliación

El pecado rompe la relación del alma con su Dios. Por esto el sacramento de la reconciliación es tan importante. Necesitáis restaurar la relación y, además, como humanos, oír a viva voz que todo ha quedado perdonado. Esta fue la razón por la que lo instauré. Y es la razón por la que se debe mantener y perpetuar.

Si en el futuro quedase dicho que los pecados no son tales, no lo creáis. Buscad no pecar, pero si caéis, levantaos y reconciliaos con vuestro Dios, que nunca rechazará a un pecador arrepentido. Yo le diré, hablando a su corazón, ve y no peques más. No hay frase más dulce, llena de amor y falta de reproche.

Tiempos aciagos os esperan en los que será difícil encontrar a mis ministros para disponer del sacramento de la reconciliación. Si buscáis y no encontráis ninguno, arrodillaos frente a un crucifijo, recordando el único sacrificio válido: el sacrificio expiatorio del Cordero Jesucristo. Y confesad con corazón contrito vuestros pecados. Yo estaré escuchando y la absolución descenderá del Cielo.

Pero esta es una medida excepcional. No seáis engañados y llevados a no acudir a mis ministros, mientras los haya. Buscad siempre primero un sacerdote. Así quedó instaurado en el albor de mi Iglesia y así debería ser hasta el final.