Penitencia
Penitencia, penitencia, penitencia. Solo eso compensará el mal en el mundo. Pero ya pocos conocen el significado de esta palabra y aún menos la ofrecen.
Haciendo penitencia se consigue salvar almas y cambiar el rumbo de los acontecimientos. Es como colocar piedras en un río, que se van acumulando hasta que logran alterar su curso. El agua que antes fluía libremente debe rodear las piedras, modificar su camino para seguir fluyendo.
Los ofrecimientos por libre voluntad, desinteresados, tienen un efecto inmediato en las almas. La balanza se inclina hacia el bien y el lado del mal se aligera. Sin embargo, cada vez se hace menos penitencia y reparación, cuando debería ser al contrario. Rezad hijos míos. Rezad y ofreced hasta que llegue la hora aciaga. Entonces nada se podrá ya hacer. Mi madre ya os lo dijo y yo lo repito. Penitencia.
Gracias María, gracias por tus ofrecimientos. Son agradables a Dios.