La muerte no es el final
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Hay muchas congregaciones que no son religiosas, son antirreligiosas. Promueven doctrinas falsas y hacen el mal.
Sé que no quieres influir en lo que escribes, María. El pensamiento no viene de ti, sino que viene de Mí. Se forma en la mente divina y se te transmite. No seas peor que esos doctos de la Iglesia. Es Satanás el que pone esas dudas en ti. Esta reprimenda venía como consecuencia de las dudas que volvía a sentir sobre el origen y veracidad de las locuciones.
Todas las personas temen la muerte en mayor o menor medida. Es un proceso doloroso en muchos casos que debes pasar de forma individual, lo que hace percibir al moribundo que está en completa soledad. Pero la muerte no es el final. Es un proceso necesario de tránsito, que libera al hombre de su carga material, para penetrar en el Reino del Padre si ha llevado una vida digna de honores espirituales. O, por el contrario, para descender como un ancla al mundo donde el enemigo habita. En los últimos tiempos habrá gente que no experimentará la muerte. Su cuerpo en un instante se revestirá de sol, haciéndose parecido a su Padre y Hermano con el que compartirán gloria y dicha.
Nada de lo que digo va en contra de la doctrina. La doctrina viene de Mí y Yo no me contradigo.
María, estas cosas que te digo son importantes para abrir los corazones de la gente en los últimos tiempos. Demasiadas personas me rechazan, demasiadas personas no saben por ignorancia o falta de interés. Y esa será su perdición. Por eso los profetas de los últimos tiempos debéis responder a mi llamada y transmitir a vuestros hermanos lo que Yo os digo. Exhortadlos a hacer el bien, exhortadlos a conocerme, acercarse a Mí y a seguirme de igual modo que Yo hice en mi tiempo en la Tierra.
No evitéis los enfrentamientos con los que corrompen y hacen el mal. Yo no lo hice. Sed firmes, mas no violentos. La verdad no se esconde por miedo. La verdad debe salir a la luz y resplandecer como una gota de rocío iluminada por el sol. Fresca y perfecta en su concepción por el Padre, de igual manera transmitida por sus hijos en la Tierra para la salvación de muchos.
María, lo has hecho bien. Descansa. Todos los días hablaré contigo. Será tu misión, la que has pedido para seguir mi Divina Voluntad.